Duelos por doquier

Empieza enero y desde el primero comienzo a contar los días. Quiero evitar este mes, quiero evitar los recuerdos, y quiero que del 18 pase al 20. 
Hoy se cumplen 6 años de aquellos horribles y dolorosos días, y aunque mirando hacia atrás hemos ganado mucho, también hemos perdido otro tanto. 
Y duele, no deja de doler. Muchas veces la vida te pasa por encima, pero también viene de atrás empujandote, no dándote ánimo ni impulso, sino que lo hace en plan de "dale dale, que el tiempo no se detiene, mové el culo". Y así seguimos, sin permitirnos caer. 
Me he dicho mil veces que caer sería poco productivo, que no está en mi perder el tiempo. Pero siguen pasando los años y yo sin permitirme quejas ni reproches a la vida misma, sin dejar que el dolor se sienta todo, el dolor que quiere ser sentido. 
Por estos días no puedo evitar pensar en las cosas que perdimos, no principalmente yo, sino ella, mi pedazo de mi. Mi pedazo de nosotros. 
Intentar reconstruir nuestra vida después de episodios como los que vivimos pueden resultar imposibles, y de hecho entendí, no sé si será certero pero lo entendí así, que no hay que reconstruir sino tirar abajo lo que quedaba para crear desde cero. Nuestra vida, la suya.
Hace unos años leí un libro que hablaba de los duelos, no por los fallecidos, sino de lo que uno pierde. Los duelos se presentan en relaciones que se terminan, amores perdidos, trabajos, mudanzas, y la que me toca a mí, el duelo de lo que no fué, pero debió haber sido. Ese es mi duelo pendiente. Los primeros seis años de su vida los pasé pensando en ella y sus gustos, en lo que quería para ella, los colegios, los amigos, las actividades que más le gustaban, su independencia, su libertad. Y sigo pensando y priorizando eso, pero hace también seis años atrás tuvimos que empezar de cero, y aprender y dar pasos en este camino que no elegimos, desconocido y muchas veces doloroso, pero de lucha, de fuerza, de amor pleno y verdadero. 
Y serán otros colegios, y serán otros amigos, y serán otras actividades, pero siempre en libertad e independencia. Sin presiones y con las prioridades bien puestas. 
Pero el duelo, ese puto duelo está presente siempre, en el par de patines que nos habíamos negado a comprarle, en su bici de barbie juntando tierra en la terraza y que no nos atrevemos a vender, en sus videos que hasta hace poco no podía mirar.
El duelo me persigue como un fantasta, como mi sombra misma y hace que cuestione cada movimiento, cada decisión, me recuerda que su futuro está en mis manos y que la vida viene atrás, esperando que baje la velocidad para pasarme por arriba. 
Hoy, hace seis años que su corazón se detuvo dos veces, y con él la vida que debió haber sido. 
Hoy, hace 6 años se destruyó todo para comenzar de cero. 
Y duele, y me rehúso a decirle adiós a esas cosas, pero ahí está, el duelo acechador y la determinación de ganarle velocidad a la vida para que no me vuelva a pasar por arriba.